Había una vez una pequeña estrella llamada Luma que vivía muy lejos, en un rincón tranquilo del cielo.
Cada noche, mientras todas las estrellas brillaban fuerte para llamar la atención, Luma brillaba suavemente.
No quería competir con nadie; solo quería acompañar a las personas mientras dormían.
Una noche, Luma vio a un niño mirando por la ventana sin poder dormir.
Entonces decidió acercarse un poquito más a la Tierra.
Su luz atravesó las nubes y entró silenciosamente en la habitación.
El niño sintió una calma extraña y sonrió.
—No tengas miedo —susurró Luma—. La noche también fue hecha para descansar.
Entonces el viento comenzó a sonar suave entre los árboles, la luna iluminó el cuarto con una luz plateada y los ojos del niño empezaron a cerrarse lentamente.
Antes de dormir, alcanzó a decir:
—Gracias, estrellita.
Y desde aquella noche, Luma siguió visitando a quienes necesitaban un poco de paz antes de dormir.
Porque a veces, las luces más pequeñas son las que más tranquilidad traen al corazón. ✨🌙